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¿Tocar o no tocar la naturaleza?

Publicado el: Enero 25, 2024

Los humanos, en el vivir y convivir, interactuamos con la naturaleza –la tocamos con nuestra cultura – lisa y llanamente porque somos también naturaleza. De ahí que la recurrente pregunta, y en ocasiones discusiones, al interior de sensibilidades pro sustentabilidad acerca de sí, ¿tocar o no tocar a la naturaleza?, aparece como retórica, en tanto, en la actual y dramática crisis ambiental, lo pertinente y necesario es preguntarnos ¿cómo tocarla? 

 

Antes de abordar tal debate omnipresente en los diálogos ligados a la sustentabilidad (que es sustentar los ecosistemas y la biodiversidad para contribuir al desafío histórico de la continuidad intergeneracional), importa hacer la distinción entre preservación y conservación. 

 

Dicho en simple: preservar se afincaría en la tradición ambiental que propone “no tocar” ciertos paisajes animada por la fantasía de mantenerlos incólumes —digo fantasía, pues la permanencia no es un atributo propio del devenir de lo vivo—; mientras conservar sería la tradición ambiental que propone  “tocar” ciertos paisajes para mantenerlos sustentables, es decir, contribuir a la continuidad intergeneracional sobre la base de una acción respetuosa en el aquí y en el ahora, tal como un actor más acoplado estructuralmente a la red de la vida, en co-dependencia entre lo humano y el mundo. 

 

La poeta y ecologista boliviana, Claudia Vaca, en conversación reciente con la educadora y magíster Ana María Lara y con quien escribe, opta radicalmente por un ser humano invitado al mundo a “tocar” con respeto y cuidado, en tanto tratarse del mejor camino para la conservación del patrimonio cultural y del patrimonio natural. https://genaugreen.com/2023/09/27/6407/

 

Por ejemplo, Claudia nos recuerda que “en la Chiquitania de Bolivia, en la frontera con Brasil y Paraguay, en mi pueblo ancestral de Roboré y Santiago de Chiquitos se encuentra el patrimonio arqueológico de las pinturas rupestres de las cuevas de San Miserandino, que precisamente por concebirse como intocable terminó siendo dañado, pues no hubo conservación, es decir, no hubo un proactivo resguardo de la erosión que ineludiblemente causaría la humedad y los hongos… Ahora, lo mismo en el caso del patrimonio natural, con el cambio climático están llegando diferentes agentes externos que dañan a plantas silvestres como el pitón, el fruto motoyoé o la diversidad de mangos. Por eso importa saber “tocar” esos paisajes para cuidar y conservar, ya que “no tocar” esos espacios ha ido generando también una situación destructiva y crítica. De ahí la pertinencia de habitar los espacios naturales desde el tocarlos, pero saber cómo tocarlos porque son finalmente patrimonio de todos”.

 

En Chile, nuevas instituciones desde hace algunos años se encuentran democratizando en los hechos la conservación, es decir, el ir más allá de un rol de cuidado ambiental en mega parques; rol antes solo entregado al Estado y a grandes actores privados, mediante la gestión y transferencia de predios más pequeños y de diferentes tamaños que portan el gravamen ambiental del Derecho Real de Conservación (DRC), que desde el 2016 se anexa a una propiedad con la finalidad la conservación de su patrimonio ambiental, “restringiendo o prohibiendo destinar el inmueble a uno o más determinados fines inmobiliarios, comerciales, turísticos, industriales, de explotación agrícola, forestales o de otro tipo”. Es decir, el DRC institucionaliza el “No tocar” productivamente a territorios y paisajes. 

 

En el panorama sudamericano, la adopción de esta ley en Chile marca un hito significativo en la evolución de herramientas jurídicas en torno a la conservación ambiental.

 

En suma, el ser humano y su cultura no puede evadir “el tocar” a la naturaleza, pues moramos En-Red-Dados con ella, ni tampoco podemos evadir, y hoy por hoy es nuestra principal interpelación cultural y de supervivencia, “el tocarla” con respeto y profunda responsabilidad ética hacía las nuevas generaciones. Eso simplemente, tan bello y desafiante, es la sustentabilidad. 

 

Autor:

Hernán Dinamarca.

Dr. en Comunicaciones y experto en sustentabilidad. Director de Comunicaciones y Asuntos Públicos.